Las familias "funcionales", es decir, las que "funcionan", existen, y nadie podría decir que eso es malo. En ellas, cada integrante cumple su función: los padres crían y trabajan; los hijos crecen y estudian; los abuelos, tíos y primos visitan o son visitados algunos fines de semana y así sucesivamente.
A veces, para que funcione el sistema familiar, los padres deben esforzarse mucho: levantarse temprano para llevar a los chicos al colegio, pasar muchas horas en el trabajo (o que el trabajo pase muchas horas con ellos), dedicar los fines de semana a la prole llevándola a hacer deporte o esperando que vuelvan de las salidas adolescentes: el esfuerzo no es poco, pero, gracias a él, con sus más y sus menos, todo funciona de manera aceitada. Más allá de los obvios matices, las familias funcionales, a diferencia de las disfuncionales, no enfrentan una situación dramática visible y, a veces, tampoco una invisible. Simplemente, todo fluye de acuerdo con lo pretendido, lo que es maravilloso.
Por fortuna, muchos padres pueden estar orgullosos de su "buena gestión" como tales, independientemente de las dificultades que plantea la modernidad. Se logra que alguien atienda al plomero en horarios imposibles en una casa donde todos trabajan o estudian, se lleva al chico al dentista, se hace una razonable lista para el supermercado y cada uno de los integrantes disfruta de sus pasatiempos, como jugar al fútbol, ir a clases de yoga, salir con amigos o practicar taekwondo, mientras hasta el perro vive dignamente su vida, con veterinario incluido. Los engranajes se ensamblan bastante bien, lo que permite que cada día transcurra sin más, reservándose energías para las crisis funcionales; por ejemplo, una mala performance de un hijo en el colegio u otros imprevistos más o menos importantes o graves, que obligan a un esfuerzo adicional para superar la situación de crisis y regresar al funcionamiento normal.
Sin embargo, mucha gente que está satisfecha respecto a cómo "funcionan" las cosas en su vida familiar deja entrever una oculta añoranza. Las personas que manifiestan esta inquietud consideran que el hecho de que "todo ande bien" es algo necesario, pero no suficiente para encontrar plenitud (o algo que se le parezca) en la vida diaria de la familia. Se añora algo que está más allá del mero funcionamiento casi industrial del núcleo familiar. Aquello que algunos técnicos deportivos llaman el "intangible" del equipo.
Lo que se anhela de diferentes maneras es algo que podríamos llamar "intimidad", algo que existe en una dimensión diferente y que, incluso, a veces surge cuando las cosas en la familia no funcionan tan bien como uno desearía. En esos casos, precisamente, esa disfunción hace que deba aparecer aquello que subyace y da sentido a todo el asunto.
Ese "algo" que acá llamamos intimidad es una suerte de paz, de cercanía, de fluir con uno mismo y con el otro, una cualidad que se intuye como posible y hasta cercana, pero que se escapa como agua entre las manos cuando uno la quiere atrapar de manera mecánica.
Por ejemplo, muchos confunden la intimidad en la familia con el solo hecho de hablar, como si el intercambio de palabras que transmiten cierta información fuera equivalente a "entrar en contacto" con el otro. Se cree que, al hablar, automáticamente se producirá "eso" que se desea. Pero no, no se produce; al menos, no de manera automática. Hablar es bueno, pero no siempre implica intimidad.
"Tengo que hablar más con mis hijos", dice un padre nervioso al ver que aquellos niños, hoy adolescentes, entran en una edad de mayor independencia. "¿Hablar para decirles qué?", se le pregunta. "Para aconsejarlos, para decirles que se cuiden, que sepan cómo enfrentarse a la dureza de la vida", dice el progenitor, atormentado y sintiéndose en deuda.
A veces, resulta difícil decirles a los padres que hablar así de esos temas, en ese clima y con ese enfoque, poco ayuda a generar la intimidad y la cercanía que sus hijos y ellos requieren. Su pretensión de hablar en esos términos, incuestionable desde la amorosa intención que la impulsa, se parece más a las advertencias de un prospecto medicinal que a un acercamiento afectivo y, por lo tanto, efectivo. La ansiedad, el decir "instrumental", la angustia y la alarma no ayudan a ese estar cercano e íntimo entre padres e hijos, en el que el decir va de la mano del afecto y la "onda", y no tanto del "manual de instrucciones" de la vida.
Muchos confunden transmitir información y dar pautas con "estar cerca" de sus hijos. La información vale, y mucho, pero la plataforma y el clima emocional sobre el cual esa información circula es igualmente importante, si no más.
Vale, como otro ejemplo de lo que se alude al hablar de "intimidad", un caso conocido en el campo de la pediatría y la psicología: décadas atrás, se pretendió alimentar a los lactantes que estaban en un hospital a través de un sistema "eficaz" que funcionaba mecánicamente sin sacar a los chicos de su cuna. La cuestión no anduvo o, si se prefiere, anduvo, pero mal. La frialdad de la máquina no pudo contra la calidez de un cuerpo que cobija al amamantar y el afecto que circula junto a la leche, afecto que, se vio dolorosamente, era tan importante como las proteínas. Sin el afecto de un cuerpo, muchos chicos enfermaron y hasta murieron en lo que se llamó marasmo u hospitalismo, una dolencia cruel que mostró que no se trata tan sólo de ponderar aquello que se ve.
Se sabe: las ceremonias que favorecían la común unión en intimidad, como el fuego nocturno alrededor del cual se sentaban los clanes y las familias, o, más acá, la mesa conversada en la que, además de datos, se compartían sueños y estados emocionales, no son hoy moneda corriente. Todo el mundo anda muy apurado y "con mil cosas en la cabeza".
Sin embargo, no hay duda de que la añoranza de ese tipo de cercanía sigue vigente y que, en muchas ocasiones, aun sin esos elementos ancestrales, se recrea el estado de cercanía que, se reitera, es mucho más que el mero aconsejar hijos o contar al cónyuge lo ocurrido en la oficina.
La intimidad es un clima o, si se prefiere, un estado anímico compartido, más que un acto o un elemento en particular. Es una capacidad humana que permite superar el eficientismo desangelado y nos recuerda el para qué, las razones que dan sentido a todo. No surge de un hacer deliberado, sino que aparece a partir de un simple "estar", pues permite que aflore lo que subyace en los vínculos entre los miembros de la familia, sin presiones que dominen la escena. A veces, requiere despejar y "deshollinar" esa escena, incluso asumiendo riesgos, ya que implica saldar deudas, limpiar rencores, sacudir algunos avisperos y marcar espacios. El camino a la intimidad, de alguna manera, ya es intimidad, pero intimidad de la brava. La amable viene luego y se la entiende más a través de imágenes que de palabras: un hijo pescando en silencio junto al padre, una madre cantando con sus hijas, una salida de una pareja que comparte una cena y una charla tibia... a buen entendedor, sobran palabras.
Paradojas del asunto: probablemente, para lograr intimidad habrá que olvidar este artículo. Nada mejor, para alcanzarla, que aflojar exigencias; y, nos libre Dios, no es la idea sumar deberes a la ya ajetreada vida familiar moderna. Respirar hondo y tan sólo estar allí, dejando que aparezca lo que deba aparecer, esa es la cuestión. Y si cada tanto, en medio del trajín moderno, surge algo que podemos llamar intimidad, enhorabuena, que eso, sin duda, ya es bastante.
Miguel Espeche
© LA NACION
Somos un equipo centrado en el crecimiento integral del ser humano, dando énfasis al aprendizaje, la recreación y el autoconocimiento. Un nuevo abordaje psicológico y psicopedagógico.
miércoles, 20 de octubre de 2010
lunes, 27 de septiembre de 2010
¿Cómo medir el éxito en procesos terapéuticos?
M.Ed. Andrea Cuenca Botey
Una de las grandes preocupaciones que manifiestan padres y madres en los procesos terapéuticos es el éxito que se tiene de los mismos, cuándo y qué esperar, con qué ritmo, entre muchas otras inquietudes que surgen.
Les presentamos aquí una serie de pequeñas sugerencias para que usted se sienta con más tranquilidad a la hora de enfrentar un proceso terapéutico:
1. Antes de escoger el o la profesional con la cual llevará a cabo su proceso, pregunte a sus personas de confianza si tienen referencias.
2. Llame a la persona escogida y si tiene inquietudes que resolver antes de pedir una cita exija que la persona le atienda de forma telefónica. Muchas veces no es suficiente con conversar con la secretaria. Si bien no puede pretender que le den una hora de consulta gratuita de forma telefónica, existen arreglos de honorarios, situaciones muy particulares que usted le desea comentar y que no tienen que ser tratadas por ninguna otra persona que no sea el o la especialista. Si la persona se niega a conversar con usted, puede ser un mal síntoma.
3. Una vez que tenga la primera cita, pida que le expliquen claramente el modelo terapéutico con el que se va a trabajar. Nuevamente, usted no puede pretender que sea una clase teórica, no se trata de que usted se convierta en un profesional pero si tener una idea de si se someterá a un proceso cognitivo conductual, psicoanalítico, breve, sistémico, humanista, entre muchos otros y cuál es la consecuencia del modelo en función de la cantidad de sesiones a trabajar, la frecuencia, si habrá o no tareas en casa, etc. El modelo varía en sus formas de acompañamiento y técnicas.
4. Diga explícitamente cuáles son sus expectativas. No se quede con inquietudes o deseos por considerarlos menores. El o la terapeuta le ayudará a redimensionarlo en el caso en el que no lo esté.
5. En caso de que el proceso sea para su hijo o hija, establezca un mecanismo de comunicación con el o la terapeuta. Cada profesional tiene su propia forma, puede ser telefónicamente, vía correo electrónico, una cita cada cierto tiempo, etc.
6. Pídale a su terapeuta un plan de metas. En general, los terapeutas de corte cognitivo conductual tendrán una sesión con usted para decirle cuáles serán las metas y tiempos. En los otros modelos no será necesariamente así, esto no es algo negativo, es solo una diferencia de procedimiento.
7. En el momento en el que usted requiera información o crea tener información importante de su hijo o hija que deba estar en conocimiento del terapeuta, busque el espacio, de preferencia hágalo antes de la siguiente cita para que el o la terapeuta pueda planificar la sesión.
8. En el camino de los logros terapéuticos pueden existir muchos baches, sin embargo, existen tiempos prudentes para resolver un problema. Si después de un tiempo significativo de trabajo constante no hay resultados, el o la terapeuta debería sugerir una interconsulta, la misma puede ser con un neuro-desarrollista, neurólogo, psiquiatra u otro según sea el caso. De no sugerir esto el especialista, es importante que usted actúe.
Los servicios psicológicos y psicopedagógicos son servicios en salud que deberían estar contemplados dentro de la atención primaria. Para usted debe haber una gran diferencia entre tratar una enfermedad con medicina alópata o con una alternativa ya sea homeopatía, terapia floral, acupuntura o cualquier otra. En la misma medida usted tiene el derecho de conocer la forma en la que se le brindara el apoyo cuando se refiere a su salud psíquica y mental.
No entre en estados de ansiedad, cada proceso tiene su tiempo y no necesariamente se ajustan a nuestras necesidades. Los logros tienen que ser evidentes, no se preocupe, vendrán y usted los notará, por eso es importante conocer el plan de metas y las expectativas claras y manifiestas.
El sillón no es mágico ni el terapeuta cuenta con varita mágica, el trabajo es 50% y 50%. El especialista está en la obligación de preparar sus sesiones, ser constante en la atención pero el o la paciente (y su familia en el caso de menores o personas con necesidades educativas especiales, entre otros casos). Por lo tanto, no se pueden tener expectativas cuando no se han cumplido las tareas o recomendaciones de la terapia, es como hacer una dieta para perder peso y comer chocolates, el resultado no llegará.
Recuerde que nuestro principal objetivo es apoyarle en la resolución de sus necesidades, cuente con nosotras, escríbanos psicocrearte.cr@gmail.com.
martes, 31 de agosto de 2010
Los Beneficios de la música en el aprendizaje
El cerebro humano constituye el órgano más importante y de mayor complejidad del sistema nervioso, es un órgano que durante la infancia sufre cambios madurativos y que es altamente sensible a los estímulos externos. Anatómicamente lo podemos dividir en dos hemisferios derecho e izquierdo.
Los estudios neuroanatómicos han demostrado que el hemisferio izquierdo se especializa en el procesamiento del lenguaje y el hemisferio derecho en la percepción y procesamiento de la música.
El cerebro humano presenta una alta capacidad de aprendizaje y posee la propiedad de funcionar en situaciones extremas tanto orgánicas como funcionales, esta capacidad se denomina plasticidad cerebral.
A mediados del siglo XX, un médico otorrinolaringólogo francés Alfred Tomatis, inició una propuesta de rehabilitación dirigida a personas con dificultades auditivas o de lenguaje.
Su programa terapéutico consistía en la estimulación musical a través de escuchar piezas de Mozart y otros compositores clásicos, obteniendo cambios positivos en la rehabilitación del lenguaje y en el desarrollo del habla, a este efecto se le ha denominado “efecto Tomatis”. Asimismo este eminente médico, elaboró un nuevo modelo de crecimiento y desarrollo del oído humano y reconoció que el feto escucha sonidos dentro del útero materno (tales como los movimientos de la digestión, los ritmos cardíacos y la respiración de la madre). Observó también que el recién nacido se relaja cuando oye la voz de la madre.
En 1993, Rauscher y colaboradores de la Universidad de California, publicaron los resultados obtenidos en una investigación realizada con grupos de estudiantes universitarios, a quienes se les expuso a escuchar durante 10 minutos una sonata de Mozart, logrando puntuaciones altas en las pruebas de habilidades visuoespaciales y cognitivas en general, así como un incremento transitorio del cociente intelectual. A este hallazgo se le denominó “efecto Mozart”.
Estudios posteriores han demostrado que el escuchar música de Mozart desencadena cambios de conducta (en relación a estados de alerta y calma), afectividad (induce estados emotivos) y metabólicos (aumento del contenido de calcio y dopamina en el cerebro).
Las investigaciones que se han referido al efecto de la música sobre el cerebro infantil, han coincidido en que ésta provoca una activación de la corteza cerebral, específicamente las zonas frontal y occipital, implicadas en el procesamiento espaciotemporal.
Asimismo al evaluar los efectos de la música a través de registros de electroencefalogramas, se ha encontrado que la música no sólo genera el desarrollo de habilidades, destrezas o capacidades desde la perspectiva de la música, sino además fortalecen sustancialmente la calidad de los aprendizajes en los niños provocando:
• Aumento en la capacidad de memoria, atención y concentración.
• Mejora en la habilidad para resolver problemas matemáticos y de razonamiento complejos.
• En la manera de expresarse.
• Introduce a los niños a los sonidos y significados de las palabras y fortalece el aprendizaje.
• Brinda la oportunidad para que los niños interactúen entre sí y con los adultos.
• Estimula la creatividad y la imaginación infantil.
• Al combinarse con el baile, estimula los sentidos, el equilibrio, y el desarrollo muscular.
• Provoca la evocación de recuerdos e imágenes con lo cual se enriquece el intelecto.
• Estimula la espontaneidad, la perseverancia, la confianza en uno mismo, y la adquisición del esquema corporal. En definitiva, la capacidad de aprendizaje.
No quedan dudas que el beneficio de la música trae un buen desarrollo infantil, brindémosle entonces a nuestros niños un espacio para desarrollar esta habilidad.
Los estudios neuroanatómicos han demostrado que el hemisferio izquierdo se especializa en el procesamiento del lenguaje y el hemisferio derecho en la percepción y procesamiento de la música.
El cerebro humano presenta una alta capacidad de aprendizaje y posee la propiedad de funcionar en situaciones extremas tanto orgánicas como funcionales, esta capacidad se denomina plasticidad cerebral.
A mediados del siglo XX, un médico otorrinolaringólogo francés Alfred Tomatis, inició una propuesta de rehabilitación dirigida a personas con dificultades auditivas o de lenguaje.
Su programa terapéutico consistía en la estimulación musical a través de escuchar piezas de Mozart y otros compositores clásicos, obteniendo cambios positivos en la rehabilitación del lenguaje y en el desarrollo del habla, a este efecto se le ha denominado “efecto Tomatis”. Asimismo este eminente médico, elaboró un nuevo modelo de crecimiento y desarrollo del oído humano y reconoció que el feto escucha sonidos dentro del útero materno (tales como los movimientos de la digestión, los ritmos cardíacos y la respiración de la madre). Observó también que el recién nacido se relaja cuando oye la voz de la madre.
En 1993, Rauscher y colaboradores de la Universidad de California, publicaron los resultados obtenidos en una investigación realizada con grupos de estudiantes universitarios, a quienes se les expuso a escuchar durante 10 minutos una sonata de Mozart, logrando puntuaciones altas en las pruebas de habilidades visuoespaciales y cognitivas en general, así como un incremento transitorio del cociente intelectual. A este hallazgo se le denominó “efecto Mozart”.
Estudios posteriores han demostrado que el escuchar música de Mozart desencadena cambios de conducta (en relación a estados de alerta y calma), afectividad (induce estados emotivos) y metabólicos (aumento del contenido de calcio y dopamina en el cerebro).
Las investigaciones que se han referido al efecto de la música sobre el cerebro infantil, han coincidido en que ésta provoca una activación de la corteza cerebral, específicamente las zonas frontal y occipital, implicadas en el procesamiento espaciotemporal.
Asimismo al evaluar los efectos de la música a través de registros de electroencefalogramas, se ha encontrado que la música no sólo genera el desarrollo de habilidades, destrezas o capacidades desde la perspectiva de la música, sino además fortalecen sustancialmente la calidad de los aprendizajes en los niños provocando:
• Aumento en la capacidad de memoria, atención y concentración.
• Mejora en la habilidad para resolver problemas matemáticos y de razonamiento complejos.
• En la manera de expresarse.
• Introduce a los niños a los sonidos y significados de las palabras y fortalece el aprendizaje.
• Brinda la oportunidad para que los niños interactúen entre sí y con los adultos.
• Estimula la creatividad y la imaginación infantil.
• Al combinarse con el baile, estimula los sentidos, el equilibrio, y el desarrollo muscular.
• Provoca la evocación de recuerdos e imágenes con lo cual se enriquece el intelecto.
• Estimula la espontaneidad, la perseverancia, la confianza en uno mismo, y la adquisición del esquema corporal. En definitiva, la capacidad de aprendizaje.
No quedan dudas que el beneficio de la música trae un buen desarrollo infantil, brindémosle entonces a nuestros niños un espacio para desarrollar esta habilidad.
miércoles, 25 de agosto de 2010
Alertan sobre el sobrepeso infantil
Tomado de lapequeniapsicopedagoga.blogspot.com
Con una oferta tecnológica creciente y escasos incentivos para la actividad física, el sedentarismo infantil crece de manera "alarmante"; como consecuencia, se incrementa el sobrepeso y la obesidad en niños y adolescentes. De allí la importancia de aumentar la cantidad y la calidad del ejercicio para mejorar el desarrollo físico y motor de los chicos en edad escolar.
Este año la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) informaron que más del 50% de la población mundial vive en ciudades y, en consecuencia, reduce la actividad física y consume alimentos procesados con muchas calorias y menos frutas y verduras frescas.El sedentarismo es una epidemia y la actividad física es un antídoto contra ella. Hay que saber que una sociedad quieta pierde capacidad vital.
Las cifras muestran que uno de cada cuatro niños y adolescentes padecen de obecidad o sobrepeso. El sobrpeso es mayor entre los 10 y los 12 años de edad que a los 16 años.
En la última Jornada Nacional sobre Obesidad y Factores de Riesgo Cardiovascular, realizada en Madrid, España, se diagnosticó la obesidad infantil como una enfermedad emergente. Tanto en Europa como en Estados Unidos, desde los años noventa hasta hoy, la incidencia de la obesidad infantil se ha duplicado. España se ha convertido en el cuarto país de la Unión Europea con mayor número de niños con problemas de sobrepeso, presentando un cuadro de obesidad en un 16,1% entre menores de 6 a 12 años de edad, superado apenas por los datos de Italia, Malta y Grecia. Un hecho alarmante en una sociedad que lleva en su "currículo" una de las mejores dietas alimentares del mundo: la dieta mediterránea, y en el cual hace solo cinco años presentaba apenas un 5% de menores obesos.
La obesidad en la infancia compromete la salud. Se puede diagnosticar problemas como diabetes tipo 2, hipertensión arterial, y niveles altos de colesterol. Aparte de eso, los niños pueden desarrollar problemas psicológicos. Las bromas, la intimidación, o el rechazo por parte de sus iguales, pueden llevarles a que tengan una baja autoestima. Son marginados por el aspecto que tienen, y todo ese cuadro pueden generar trastornos como la bulimia, la anorexia, la depresión, y llevarles a tener hábitos extremos como el consumo de drogas y otras sustancias nocivas.
Según los expertos, la obesidad cuando se manifiesta en la infancia y persiste en la adolescencia, y no se trata a tiempo, probablemente se arrastrará hasta la edad adulta.
viernes, 20 de agosto de 2010
Intereses y participación activa son claves en aprendizaje infantil
Artículo Publicado en Acontecer de la UNED
Intereses y participación activa son claves
en aprendizaje infantil
Proceso favorece la autoconfianza y autoimagen positiva
Se debe reforzar la equidad de género en las aulas
Alejandro Lizano Fernández
alizano@uned.ac.cr
(20 de agosto, 2010) La promoción del aprendizaje significativo mediante estrategias pedagógicas adecuadas es la pauta que marca la diferencia en el aprovechamiento del trabajo en la sala de clase.
Este fue el tema investigado por Rosa María Hidalgo Chinchilla y Helen Roxana Valverde Limbrick. El proyecto lo desarrollaron en el ciclo materno infantil de la Escuela José Figueres Ferrer, ubicada en Sabanilla de Montes de Oca.
Los niños deben ser libres para proponer y crear en su autoaprendizaje.
Ambas especialistas en Educación Preescolar realizaron un trabajo de observación con 24 niños entre cuatro años y cinco años. La muestra fue tomada al azar. Ellas analizaron la incidencia de las estrategias pedagógicas en el aprendizaje significativo.
El aprendizaje significativo fue propuesto por el psicólogo y pedagogo estadounidense David Ausubel (1918-2008). “Ausubel propone que el aprendizaje debe ser significativo para todas las personas. Para eso, es necesario que parta de lo que ya tiene”, afirma Valverde.
Ella agrega que: “por ejemplo, un aprendizaje relacionado con una experiencia vivida nos va a hacer pensar e interesarnos más en el tema; lo vamos a recordar también ¿por qué no? La memoria es importante en el aprendizaje, aunque algunos digan lo contrario”.
Los niños participaron en actividades individuales y grupales, siempre guiados por una maestra. Ella los animaba con actividades de preguntas, canciones, trucos de magia, fotografías para saber qué temas deseaban estudiar en clase. El objetivo era saber qué les gustaba y qué no para poder motivar el proceso de aprendizaje.
Valverde explica que “los niños parten de sus intereses y sus experiencias previas para el desarrollo de actividades en la sala de clase. Dice Ausubel que ‘se aprende lo que se comprende’ porque si no estamos entendiendo no nos va a interesar. Hay que encontrarle sentido a lo que estudiamos. Hace años estudiábamos sin partir de algo conocido y por eso era bastante difícil.”
Las investigadoras encontraron que se debe reforzar la equidad de género para que haya más democracia dentro del aula, lo cual es parte de la autonomía personal y la autoimagen positiva. Asimismo, recomendaron que los infantes utilicen los cinco sentidos para conocer el mundo mediante sensaciones y estímulos.
“Nosotras queríamos entender qué ocurre en la sala de clase, cómo están aprendiendo los niños, por lo menos en este centro educativo; y qué está haciendo la maestra para su aprendizaje; un aprendizaje que sea duradero y, además, relevante para los niños y sus familia”, puntualiza Valverde.
Intereses y participación activa son claves
en aprendizaje infantil
Proceso favorece la autoconfianza y autoimagen positiva
Se debe reforzar la equidad de género en las aulas
Alejandro Lizano Fernández
alizano@uned.ac.cr
(20 de agosto, 2010) La promoción del aprendizaje significativo mediante estrategias pedagógicas adecuadas es la pauta que marca la diferencia en el aprovechamiento del trabajo en la sala de clase.
Este fue el tema investigado por Rosa María Hidalgo Chinchilla y Helen Roxana Valverde Limbrick. El proyecto lo desarrollaron en el ciclo materno infantil de la Escuela José Figueres Ferrer, ubicada en Sabanilla de Montes de Oca.
Los niños deben ser libres para proponer y crear en su autoaprendizaje.
Ambas especialistas en Educación Preescolar realizaron un trabajo de observación con 24 niños entre cuatro años y cinco años. La muestra fue tomada al azar. Ellas analizaron la incidencia de las estrategias pedagógicas en el aprendizaje significativo.
El aprendizaje significativo fue propuesto por el psicólogo y pedagogo estadounidense David Ausubel (1918-2008). “Ausubel propone que el aprendizaje debe ser significativo para todas las personas. Para eso, es necesario que parta de lo que ya tiene”, afirma Valverde.
Ella agrega que: “por ejemplo, un aprendizaje relacionado con una experiencia vivida nos va a hacer pensar e interesarnos más en el tema; lo vamos a recordar también ¿por qué no? La memoria es importante en el aprendizaje, aunque algunos digan lo contrario”.
Los niños participaron en actividades individuales y grupales, siempre guiados por una maestra. Ella los animaba con actividades de preguntas, canciones, trucos de magia, fotografías para saber qué temas deseaban estudiar en clase. El objetivo era saber qué les gustaba y qué no para poder motivar el proceso de aprendizaje.
Valverde explica que “los niños parten de sus intereses y sus experiencias previas para el desarrollo de actividades en la sala de clase. Dice Ausubel que ‘se aprende lo que se comprende’ porque si no estamos entendiendo no nos va a interesar. Hay que encontrarle sentido a lo que estudiamos. Hace años estudiábamos sin partir de algo conocido y por eso era bastante difícil.”
Las investigadoras encontraron que se debe reforzar la equidad de género para que haya más democracia dentro del aula, lo cual es parte de la autonomía personal y la autoimagen positiva. Asimismo, recomendaron que los infantes utilicen los cinco sentidos para conocer el mundo mediante sensaciones y estímulos.
“Nosotras queríamos entender qué ocurre en la sala de clase, cómo están aprendiendo los niños, por lo menos en este centro educativo; y qué está haciendo la maestra para su aprendizaje; un aprendizaje que sea duradero y, además, relevante para los niños y sus familia”, puntualiza Valverde.
miércoles, 4 de agosto de 2010
Ciclo de Talleres Gratuitos
Frente a los acontecimientos que se han suscitado en el último tiempo en Costa Rica, un estudiante que asesina con un arma de fuego a la directora de su colegio, otro niño pierde la vida por dispararse con el arma de su padres, otra niña también se dispara con el arma de su padre y pierde un pulmón, entre otros tristes eventos, nos parece pertinente y necesario volver a un tema básico como es la educación y la cultura de paz.
Decidimos iniciar nuestro ciclo de talleres con este tema, es así que celebramos nuestro tercer aniversario y aportamos un granito de arena a la construcción de una sociedad más sana.
miércoles, 14 de julio de 2010
Libro sobre la Tolerancia
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